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Un Regalo Maravilloso marzo 18, 2008

Posted by Chris Vargas in General.
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Habían pasado meses desde que empecé a escuchar que pronto recibiría una grata sorpresa, no tenía claro en que consistía aquel “paquete” ni el cambio que daría mi vida al recibirlo…

Era una mañana como cualquier otra de inicio de otoño, cuando bruscamente, por el timbre implacable del reloj, fui arrancado de los brazos de Morfeo, dios del sueño.

– ¡Chris apura que se hace tarde!

– ¡Chris baja a desayunar!

Se escuchaban los monólogos de mi madre, como cada mañana de la época escolar.

Matemáticas, español, naturales, transcurría un día de clases común, hasta que doña Elsa, de la oficina del colegio, interrumpió en el curso, para anunciar ante todos:

– ¡Chris felicidades, llamaron para decir que ya nació tu hermanito Oliver!

No sabía si lo correcto era llorar o reír, me sentí muy emocionado, pero me limité a dejar escapar entre los labios una tímida sonrisa.

En horas de tarde, estuve muy ansioso hasta llegar al centro médico, quería ver de frente aquella personita que había pasado meses golpeando el vientre de mi madre.

Globos, flores, regalos… dispersos por toda la habitación reflejaban el claro aspecto de que un bonito acontecimiento se estaba celebrando. Me hice paso entre la gente hasta llegar a la cama donde descansaba mi mamá.

– ¿Dónde está mi hermanito?, pregunté

– – Está en la sala de recién nacidos, ¡ven yo te llevaré!

Se apresuró a responder mi abuela. Al verlo tras el cristal, quedé inmóvil, era tan frágil, tan hermoso.

– ¡Ves, se parece mucho a ti!, Dijo mi abuela. Y contesté con una sonrisa de satisfacción.

Al día siguiente fuimos a nuestra casa, pero nada era igual. Lo que antes era un espacio tranquilo y silencioso, ideal para concentrarme en los vídeo juegos, era interrumpido constantemente por los chillidos de Oliver, capaz, en solo segundos, de tener a toda la familia frente a su cuna.

Pasaron varias semanas antes de adaptarme a la idea de que ya no era el centro de atención, para compartir, con mi hermanito, el reinado de la casa y el cariño de mis padres.

Hoy, que ya ha pasado un año, puedo jugar, reír y divertirme con Oliver. Tengo planes de enseñarle vídeo juegos y ayudarle en sus tareas del colegio, para convertirme en su mejor amigo y compañero.

Ver su carita sonriendo, escucharle llamarme:

– ¡Iss, Iss!

Sacar carcajadas de sus labios con cualquier tontería y sentir su ternura cuando me abraza, me hacen confirmar, sin lugar a dudas, que aquel 9 de septiembre, recibí de Dios, a través de mi mamá:

Un Regalo Maravilloso.

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